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Yavería 2017

Costearme los bostezos, sostenerme a flote…

Por: Alejandro Sanchez Pabón.

Normalmente las cuadras de la 82 y la 85 están inundadas de personas en busca de rumba, promociones de cocteles o jarras de cerveza, llenas de crossover, de terrazas electrónicas y una saturada tropicalidad que fascina a los amantes del aguardiente. Filas para entrar a bares, pagar cover y escuchar la música que escuchas en el Top Global de Spotify.

En ese marco, (Inserte meme de #enelmarcodelBoom), algunos escenarios como el ya reconocido Auditorio Lumiere, el bonito Mero Mero, el caluroso RPM y el ambiguo Këa recibieron la propuesta cultural del festival Yavería. Un festival que basado en su lema de Apoyo mutuo lleva construyéndose con esfuerzo, calidad y bastante alternatividad.

Desde su fiesta de inauguración, desde su primer acto ATRACTOR, se dejó ver el nivel ecléctico de la selección de artistas que tenían para este año. Una propuesta audiovisual potente y experimental que a la gente rara que estaba en ese auditorio la habrá hecho sentir más rara y habrá dejado buen material para Instagram. Hay que señalar muchísimo el esfuerzo en la puesta en escena de todo el festival, el logotipo ( que es una nota) muy bien creado daba la bienvenida a cualquier escenario desde afuera.

Un acto conocido, querido y que va haciéndose entender poco a poco dentro de su locura y beats como Las Hermanas ya no se sentía tan extraño, un momento mágico para la escena local, un festival con una trayectoria de 7 años en un escenario que acoge a lo alternativo, con un acto que ha salido a festivales como Sonár y Nrmal. Hay escena, hay ganas, hay hechos y hay mucho por seguir haciendo.

No pudimos ver a Loli Molina por su cancelación en el toque de RPM, pero la noche de MCs y beats pintaba muy bien. De nuevo el Lumiere en una calle oscura y rehabilitada de dealers y prepagos, con el logo iluminado del Yavería esperaba la gente.

Y la gente afuera, en una tienda comprando cerveza o en un andén esperando a que hubiera tumulto. Acá hay una anotación por hacer, el apoyo mutuo empieza desde el espaldarazo que se le da a los lugares y eso significa tener la cultura del consumo, en Bogotá tenemos al costumbre de andar tomando en andenes para luego entrar a ver el acto que nos interesa y ya. Entren, hablen, bailen y descubran, no hay temor en ser el primero en llenar una sala vacía.

N.Hardem es un camaleón del hiphop, una vez más demostró porque su nombre es referente capitalino, un flow tremendo y un estilo tan bogotano como los perros de dos mil, un tipo tímido en el piso pero una bestia en el escenario, rimas certeras, beats bailables y un poeta con gafas escapando del asfalto. “Costearme los bostezos, sostenerme a flote…”. TSH sudaca un rumbón frente a un púbico más bien tímido que con ropas oscuras a veces se le salía una sonrisa por un show lleno de vientos, colores y calle.

Dromedarios mágicos. “Este puberto no te da discurso cursi, déjame ser spiderman con mi mano en tu pussy” cante en una línea el Rapiphero. Bueno, este Dromedario es la antítesis de esa frase, ¿puberto? Si, ¿Cursi? Si. El show íntimo en RPM de este niño mexicano tenía su propio nicho, adolescentes existenciales de colores pastel que lograron ver un acto solista que algo si tiene bien claro, el dominio del público y el poder de hacer canciones, de hacer coros pegajosos y de identificarse con una generación que no le ve sentido a la vida pero que ve Rick and Morty. ¿Tunacola?. Buenos músicos.

Sin duda lo más interesante del jueves fue encontrar en un sitio como Këa, en un calle llena de barras libres, de vallenato, de Fumaratto, de regaetton, un terraza con un montaje entregado a los riffs rápidos, a las baterías salvajes, al punk. Punk en Këa, baia baia. Espinoza es un camión que acelera y desacelera sin sentido alguno pero preciso. Esta banda es fácil disfrutarla pero difícil definir a que suena, sin duda las partes más maduras son las instrumentales, una potencia que pocas bandas nacionales logran tener. Tumbas y su chica cantante si lograron que hubiera pogo en Këa, “decidí que ya estoy muerta…”. Gran banda con mucho futuro, bien producida, un puñetazo en la cara y una ola de juventud anárquica y aguardientera. Nos quedamos con las ganas de visitar más lugares, el viche del pacífico, el rock alternativo de Whites o Cold Tropics, y el vaporwave(?) sacro de Magallanes. Hay presente, hay escena emergente, hay vanguardia y hay mucho futuro. Gracias Yavería.