Whisper

Trip-hop entre rockolas

Entre manzanas atiborradas de taxistas con sobredosis de cafeína, oficinistas saltando con la corbata en la frente y rockolas emanando Alice Cooper, Whisper mostró por primera vez su propuesta.

El día que murió García Márquez yo también hice la labor y busqué alguna de sus frases y la compartí en Internet, no vaya a ser que alguien piense que no me importa su muerte, y más grave, que piensen que no he leído ninguno de sus libros. En fin, la frase que encontré fue: "Lo único mejor que la música es hablar de música". Hagámosle caso al escritor.

La invitación era sencilla, el lanzamiento del EP debut de la banda Whisper, un dúo conformado por un Serbio (¿Qué hace un Serbio tocando trip-hop en el centro de Bogotá?) que construye camas de beats sobre los cuales una vocalista colombiana impregna su sentimiento. Whisper tiene gruesas raíces de trip-hop, juega con el deep funk y el drum n bass. Eso era, un lugar pequeño en el centro de Bogotá, cerca donde algunos taxistas juegan póker mientras las putas trabajan en la compañía de un cigarrillo.

Partamos del hecho de que lo que hay en este momento es música, mientras usted lee esto 150 personas están tratando de componer una nueva canción y otros miles estarán ensayando un cover de los Strokes, así que es una mezcla de valentía y persistencia el hecho de pararse por primera vez frente a alguien a mostrarle lo que ha hecho en su espacio privado.

La fuerza de Karen, la vocalista, se roba el show, se siente la intención de brindar un espectáculo que acompañe la música, se mete en el cuento y es lo importante, coja a Alice Glass, bájele un poco la revolución y póngala a cantar en español. Alek en las máquinas demuestra su experiencia en el género, además entra rapeando sobre esa colcha sonora, me pareció estar viendo unos Die Antwoord en potencia. Whisper lo hace bien, se notan las ganas y se demuestra la actitud de seguir haciendo lo que les gusta, todo dentro de la oscuridad, dentro de esa penumbra que acompañaba perfectamente el smog de la ciudad, el trip-hop es así no?. Bien por la gente que los supo ver en relativa calma antes de fritarse el cerebro.

No me las voy a dar de experto del movimiento de Bristol ni del drum n bass, solo esa noche sentí que esa podría ser la banda sonora perfecta de una sombra solitaria caminando por la 19 con séptima, adornada con los gritos de coros vallenatos de las discotecas del frente. Colombia al fin y al cabo.

Máquinas! Somos hijos de máquinas, nos la pasamos pegados a ellas, que lo diga Cerati. Pues bien esa noche fue una alabanza a la máquina, un grupo de gente coordinada mirando una consola y un computador, procesando los sonidos que salían de ella, un paisaje lleno de cyberpunk y posthumanismo, de cerebros saturados de inconformidad, es ese ambiente que solo los beats de más de 170 bpm puede crear. Me hace pensar si acaso el virtuosismo se fue a la mierda, si cada vez va a ser más difícil ver un Paganini de la guitarra eléctrica o un baterista endemoniado que parezca poseído por John Bonham, pero bueno, tal vez el mundo no es un estiércol sino que el estiércol es uno que no se acomoda al mundo.

Fascinante presenciar el nacimiento de una banda, sentir de cerca la emoción de esa primera vez, de ese debut, de esa pérdida de virginidad de Whisper, algo muy diferente a lo que se está haciendo, están luchando por crear una escena y consolidarla, no es fácil y ese esfuerzo y la disciplina es valorable, no vayas a creer que ser músico es solo es recibir cerveza gratis y abrazos prestados.

Por: Alejandro Sanchez P @subgestionado