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Reflexiones del Hermoso Ruido.

Un festival reseñado por un idiota.

Con tintes de lucidez y algunos tonos de monotonía en las reseñas escritas de festivales, este texto pretende hablar desde la emoción que despierta un festival anual como el Hermoso Ruido. Es que el talento musical a veces excede la cantidad de lugares en donde se puede ver, pero parece que entre más dificultades tienen los músicos para desarrollar sus proyectos, mayores son sus ganas de hacerlo. Como los pequeños esfuerzos que haces por llamar la atención de esa niña que te gusta, así no te pare muchas bolas.

Le hago caso a Cortázar y pongo la palabra idiota sobre la mesa de una vez, para describir un poco mi relación con la música en vivo, tal vez en ese momento me cuesta analizar los sonidos, mirar influencias, solo soy un idiota hipnotizado por la música, que a veces prefiere olvidar y solo sentir, rencores, nervios, aguardiente, ginebra, cerveza, cigarrillo, y música, ¿no?

Todo es más fácil de lo que parece, deberíamos era como encerrarnos un rato y no pensar, pero cuando uno piensa lo mejor es escribir lo que va pensando, de lo contrario es muy fácil olvidarlo.

El Hermoso ruido comenzó con Espinoza, una de esas bandas que van ganando terreno en una escena amante del ruido, de las calles bogotanas, del eclecticismo, las guitarras y un poco de densidad. No éramos muchas personas, pero como dicen “estamos los que somos, y somos los que estamos”, un show corto pero que muestra la calidad de una banda difícil de definir y que siempre lo va a dejar a uno con ganas, con ganas de amar o con ganas de pegarse con un ladrillo en la cabeza.

Cabe hablar del escenario, el Auditorio Lumiere , que de varias voces, he escuchado críticas por su acústica o a veces por su calor, yo digo la verdad y como buen idiota frente a la música, me parece un buen escenario dentro de esta escases de espacios, además el frente del Lumiere se ha vuelto un espacio de reunión de la escena alternativa bogotana, o eso parece, esa mesa blanca ha albergado conversaciones de integrantes de bandas, amantes de la música y medios, que acompañados de cerveza, entre chistes y confesiones desnudan las verdades de la música local.

Subiendo las escaleras de Armando Records siempre está esa pequeña emoción de mirar que está pasando arriba, las personas con las que uno se pueda encontrar, y la música que presenta la noche.

Sunday estaba en la tarima, uno de los vocalistas de Miami Horror, que solitario allá arriba parecía cumplir la profecía de Jim Morrison, solo con sus máquinas y una energía playera dejó en claro que para hacer buena música solo se necesita talento y un buen computador, ritmos familiares que encendieron ya la energía de la gente que aún se rehusaba a iniciar la fiesta.

Me acordé de V for Volume, sí, alcancé a ver algo de ellos, una cuota de del rock pop nacional que sigue teniendo sus seguidores, cosa curiosa encontrarlos en el marco de este festival.

Una de las bandas que más expectativa me había generado era Porter, este grupo mexicano que había visto el año pasado en el Festival Nrmal y que en verdad me había viajado al final. Con una puesta en escena básica entregaron himnos como Host of a Ghost o Espiral, canciones de ese gran disco que es Moctezuma que consolida el estilo musical de la banda, a pesar de lo grande de la música quisiera que se hubieran entregado más, de pronto ver un montaje digno de los grandes videos que tienen, pero sin duda una de las buenas bandas latinoamericanas.

Ahí me acorde de una frase de MGMT: “I rather dissolve than have you ignore me”. En fin.

Mientras que Aj Davila llenaba de distorsión el Lumiere, para mí la noche la cerró los Pirañas, de esas bandas que trato de no perderme porque me vuelve un gran idiota, una banda de amores y odios, un sonido invasivo y fulminante que o lo amas o te incomoda, sobra decir que Eblis Álvarez es genio de la música moderna colombiana, con su champeta de la corrupción y la desgracia me destrozaron los pies, hice nuevos amigos y nos la gozamos con El Enemigo.

El Hermoso Ruido lo que despierta es como amor e impotencia, un amor infinito a que una parte de la ciudad se invada de propuestas innovadoras y una impotencia por no poderlas ver todas.

Diosque el viernes en el Cine Tonalá dejó pensando a la gente para donde la va la música ahora, un espacio que, dentro de lo alternativo, musicalmente sigue siendo tradicional, recibió una propuesta de un pop bailable y espacial.

Cabe hacer una mención a esta situación tenaz con La Tora Cuatro Brazos, y su desafortunado cierre, una fiesta que pintaba maravillosa esa noche.

El sábado comenzó con Rubio, el proyecto solista de la vocalista de Miss Garrison, que en un espacio íntimo se dejó llevar por la música, se drogó con sintetizadores y percusiones, con sus cambios de voz y de nuevo, solitaria con sus máquinas me dejó frío, mirando un atardecer lleno de arte, destapé una cerveza y entendí que el arte y la música en verdad son lo único que puede salvar el mundo.

De nuevo en Armando, en una tarima demasiado oscura, una de las bandas poderosas nacionales ya había congregado gente, Los Hotpants, desde Cali llegaron cargados de rock y es sentimiento que se deja cantar, dejaron todo en esa tarima como su hubiera mil personas, combatiendo con guitarras y actitud a los zombies que bailaban al ritmo de la electrónica predecible en la otra terraza de Armando.

Tourista desde Perú volvió a llenar de ritmos andinos y electrónica el lugar, unas percusiones champetudas low tempo, actitud y una fanaticada ya empezaban cundir de ganas de bailar el cuerpo, entre conocidos y amigos ya se notaba un ambiente muy positivo, canciones como Explotar Contigo ya le dan una identidad a la banda, y gran disco latinoamericano para escuchar, ese Colores Paganos de este año.

Lo que no puede faltar en las noches de la 82 en Bogotá, ese precopeo, ese guaro de andén, esas polas al aire libre para evitar sucumbir un poco al sobre costo de la zona. Vilmarea parece haber sido una de las grandes propuestas innovadoras del festival, así que habrá que hacerles más seguimiento.

Por el desafortunado cierre de La Tora, El Coq recibió a I Can Chase Dragons y a Zyderal, el primero acompañado de una piña nos dio un viaje sonoro lleno de tropicalidad, de electrónica y de bailes tímidos, un público que no entiendo porque no encendió la pista, dejaban un espacio vació como para que algún idiota (yo) se arriesgara a bailar solo y darle un gesto de aprobación con la mano. A veces siento que muchos dicen amar la música pero veo más bien pocos dejándose llevar.

Tengo que decir que lo que más me sorprendió del festival fue Zyderal, esta propuesta colombo argentina, con la potente voz de Delfina invadió la atención de todos, con olas que van desde el hip-hop, el dubstep, la electrónica, tienen todo para ser un grandísimo proyecto, letras contundentes, una producción magistral, junto con Porter la mejor vocal que pude escuchar, y la actitud de Delfina que contagia de poder y dan ganas de comerse el mundo.

Boom Full Meke fue mi cierre, masters del bailoteo, con un Lumiere lleno a menos de la mitad, Boom Full Meke junto con esa mesa blanca a las afueras, esa mesa, los Electric Mistakes, Los Hotpants, cerveza de las chazas, otra bocanada y respirar música, la nostalgia de caminar a casa esperando otro fin de semana lleno de música en vivo por todos lados, de grupos de amigos y de buena vibra, bendito el Hermoso Ruido.

“Sin arrepentimiento más libre que el viento no miento si digo que así me siento” Zyderal – "Invisible".

Por: Alejandro Sanchez P @subgestionado